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¿Qué es la intolerancia a la fructosa y cómo se trata?

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La intolerancia a la fructosa provoca síntomas muy desagradables. ¿No sabes si la sufres? Te contamos las claves.


Existen ciertas personas que pueden desarrollar a lo largo de su vida diversas intolerancias. Las más comunes son a la lactosa y a la fructosa. ¿Conoces esta última? Te explicamos en qué consiste, cuáles son sus síntomas y cuáles son los alimentos que deberías y no deberías consumir.


Intolerancia a la fructosa

Antes de explicar lo que es la intolerancia a la fructosa, deberíamos definir qué es la fructosa. Se trata de un tipo de glúcido presente de forma natural en en vegetales, frutas y la miel.

También se encuentra de forma artificial en alimentos procesados. El llamado sorbitol, un edulcorante utilizado para endulzar.

La fructosa, ya sea natural o artificial, debe ser absorbida por las células intestinales y metabolizada por el organismo para poder ejercer su función. Si existe cualquier problema en su absorción o metabolización, es cuando se produce la intolerancia a la fructosa.

La malabsorción de la fructosa es una situación más común de lo que crees. De hecho, puede afectar a más de un 30% de la población mundial. ¿Qué ocurre? Las células intestinales no pueden absorber la fructosa, provocando problemas gastrointestinales que veremos más adelante.

¿A qué se debe esta malabsorción? Esta dificultad para absorber la fructosa, se produce por la pérdida de la integridad de la mucosa intestinal. La intolerancia, independientemente de cómo se haya producido, puede generar un daño en la pared intestinal.

Es importante no confundir la malabsorción con la intolerancia hereditaria a la fructosa (IHF). En este último caso, se produce por una deficiencia o ausencia en la enzima hepática fructosa-1-fosfato aldolasa hepática (aldolasa B). Suele diagnosticarse durante los primeros años de vida.

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Síntomas

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La intolerancia a la fructosa generalmente se manifiesta con los siguientes síntomas:

ℹ️ Diarrea.

ℹ️ Sonidos estomacales.

ℹ️ Estreñimiento.

ℹ️ Flatulencias.

ℹ️ Dolores de estómago.

ℹ️ Halitosis.

No todas las personas sufren el mismo grado de intolerancia a la fructosa y, por tanto, no desarrollarán la misma intensidad en los síntomas. En algunos casos, además de los del listado, se podrían agregar los siguientes:

ℹ️ Dolor de cabeza.

ℹ️ Cefaleas.

ℹ️ Náuseas.

ℹ️ Vómitos.

ℹ️ Estreñimiento.

¿Cuándo suelen desarrollarse los síntomas? Depende de la persona. Si el estómago y el intestino se vacían rápidamente, suelen producirse en media hora tras la ingesta de la fructosa. Aun así, lo normal es que los síntomas tarden en aparecer entre tres y cuatro horas.

Para la IHF, será necesaria una dieta específica. ¿Por qué? Como decíamos, este tipo de intolerancia puede provocar daños en las paredes intestinales y afectar orgánicamente a riñones e hígado.

Para los casos de malabsorción de la fructosa, no suele ser perjudicial para los órganos. Eso sí, los síntomas generan incomodidad a la persona que los padece. Por eso, también se recomienda evitar la ingesta.


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Diagnóstico de la intolerancia a la fructosa

El diagnóstico de la intolerancia a la fructosa puede llevarse a cabo mediante distintas pruebas. Por ejemplo, a través de una biopsia duodenal, test de pH en heces, test de aliento, entre otros muchos.

La más utilizada suele ser el test de aliento de hidrógeno y metano aspirado. ¿En qué consiste? En ingerir entre 25-50 gramos de fructosa y realizar distintas mediciones. La prueba suele durar, más o menos, 4 horas. Además de las mediciones del metano e hidrógeno se estudia la sintomatología del paciente durante el examen.

Otra de las pruebas más comunes es la prueba de curva de glucemia tras la administración de fructosa. Requiere una muestra de sangre antes de la sobrecarga oral de glucosa y, después, cada media hora durante las siguientes dos - tres horas.


Tratamiento

El tratamiento suele focalizarse en limitar o prescindir los alimentos que contienen altas proporciones de fructosa y/o sorbitol en su composición. Recordemos que esto debe ser diagnosticado por un médico. ¿El motivo? No todas las personas padecen el mismo nivel de intolerancia.

Por este motivo, se debe valorar las restricciones alimenticias para seguir una dieta correspondiente y, sobre todo, evitar carencias nutricionales. En estos casos, siempre se podrá buscar una alternativa.

Si el profesional médico lo considera, con el tiempo, podrán introducirse alimentos con cierto contenido en fructosa para comprobar el nivel de aceptación del organismo.

Si lo que te preguntas es si existe un tratamiento farmacológico… realmente no. No existe un medicamento que ayude a eliminar de raíz malabsorción. Si bien, podemos incluir ciertos suplementos que pueden ayudar.


¿Qué alimentos puedo comer si soy intolerante a la fructosa?

Recuerda, esto es solo una aproximación. Para cualquier mayor información al respecto, consulta a tu nutricionista o médico especialista. Te asesorará sobre qué tipo de alimentos es mejor para tu nivel de intolerancia y la cantidad de fructosa que puedes ingerir.


TipoPermitidosNo permitidos
Frutas y frutos

De forma muy ocasional. Aguacate, pepitas de calabaza o girasol y aceitunas maduras.

Todas las demás.
Verduras y vegetales

También se recomienda una ingesta limitada. Acelga, espinacas, patatas viejas, champiñones, brócoli fresco, escarola y endivias, apio, col, coliflor, lechuga, pepino y patata nueva.

Todas las demás.
Legumbres

De forma muy ocasional y limitada. Lentejas, garbanzos, alubias

El resto. 
Cereales

Sémolas de trigo y harinas, avena, maíz, centeno, fécula de patata, arroz, pan blanco y pasta.

Cereales o harinas intelgrales y la harina de soja.

Carnes, pescado y huevosSi son frescos, cualquieraTodos los procesados. 
Productos lácteos

Leche, leche en polvo sin fructosa, nata de origen natural, quesos curados y frescos y yogur (que no incluyan frutas ni sacarosa)

Bebidas de soja, leche condensada, yogur (que incluya frutas, soja o esté edulcorado con sacarosa), batidos, helados, etc.

Bebidas

Agua, infusiones, cacao y café.

Todas aquellas que contengan fructosa, sacarosa o sorbitol.

Aceites, grasas y salsas.

Especias, hierbas aromáticas, sal, vinagre y levadura. Aceites vegetales, mantequillas y margarinas.

Aquellos que contengan fructosa, sacarosa o sorbitol.

Azúcares y edulcorantes

Jarabe de glucosa, glucosa y maltosa.

Fructosa, sacarosa, sorbitol y dulces y edulcorantes que los incluyan en su composición.


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